Soy la Dra. Sarah Martínez, y he ejercido la medicina veterinaria durante 22 años.
Me gradué con mención honorífica en Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de Colombia. Posteriormente realicé estudios de posgrado clínico en hospitales veterinarios de referencia en Bogotá y Medellín. A lo largo de mi carrera profesional, he tratado a más de 8.000 perros con bultos, masas y alteraciones cutáneas.
También pensaba que entendía completamente los “tumores grasos”.
Entonces mi propio perro, Max, tuvo su primer bulto.
Max era un mestizo de Border Collie de 6 años con genética perfecta y un historial de salud impecable.
Cuando sentí ese primer bulto blando en su hombro, hice exactamente lo que me habían enseñado:
biopsia, confirmar lipoma benigno, tranquilizar al dueño.
“Es solo un tumor graso”, le dije a mi esposo.
“Completamente inofensivo”.
Estaba completamente equivocada.
En más de 18 meses, Max desarrolló diecisiete bultos más.
Cada biopsia regresó como “lipoma benigno”.
Cada vez, seguí el protocolo y me convencí de que eran inofensivos.
A los 9 años, Max ya no podía caminar correctamente.
Los bultos no eran solo algo estético: estaban afectando su movimiento, su respiración y su calidad de vida.
Tuve que tomar la decisión más desgarradora de toda mi carrera.
Había fallado a mi propio perro con todo lo que me habían enseñado.